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Help me, please [Misión | Rango C]

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Mensaje por Darian el Sáb Sep 03, 2016 3:27 am

Especificaciones de la misión:
Nombre: Help Me Please
Rango: C
Lugar: Clover
Participantes: Darian
Misión: Uno de los mayores agricultores de la zona tiene serios problemas con una panda de asaltantes bastante molestos que le roban su cosecha y lo que no pueden robar lo destrozan, tu misión es atraparlos y si se resisten tienes permiso de dejarlos inconsciente mas no matarlos.

Sumergido en un pequeño lago cercano a la zona indicada para su misión, Darian se encontraba cruzado de brazos y con el agua tapándole los hombros, dejando los minutos pasar sin hacer sonido alguno. La paciencia era una de las cualidades que lo caracterizaban, había aprendido a esperar sin frustrarse a que el líquido terminara de enfriar su cuerpo, deteniendo temporalmente la constante emanación de un calor insano que provocaba su maldición. Era necesario, iría a ayudar en un campo de cultivo y elevar la temperatura podría traer consecuencias nefastas para la siembra, lo cual convertiría su tarea en un sin sentido, puesto que terminaría haciendo más daño que el que aquellos malvivientes le hacían a los campos de agricultura.  Por esa razón prefirió asegurar las cosas y pasar algo más del tiempo necesario para tomar una temperatura normal, a sabiendas de que no sería nada bueno que las cosas se le salieran de control en mitad de un enfrentamiento o una persecución.

Emergió del lago, colocándose la ropa sin necesidad de secarse antes, puesto que de eso se encargaría su maldición en tan solo unas horas, como mucho. No contaba con un gran abanico de prendas para colocarse, pero con un pantalón corto de Jean, unas botas y su siempre fiel sombrero estaba más que conforme. No tenía reloj, así que se orientaba observando el cielo y la posición del sol, por la cual deducía que quedaba poco más de unos minutos para que fuera la hora anotada en el anuncio de la misión, hora donde se llevarían a cabo una vez más los destrozos sobre la siembra. Su trabajo era impedirlo, con lo cual, además de hace un bien para la comunidad de Clover, ganaría algo de dinero que bastante bien le venía, ya que no es que le sobraran los jewells. Encendió un cigarrillo y dando la primera calada se puso en marcha, tomando el camino más rápido para llegar a la zona señalada en el anuncio. El sol del mediodía acompañaría su caminata, secando la capa de agua que había quedado cubriéndolo y acortando el tiempo faltante para que las consecuencias de Inferno volvieran a hacerse presentes a su alrededor. Debía apurarse.


Minutos después


A lo lejos ya era visible la finca de la cual era dueño el titular de la misión, lugar donde debía de encontrarse con el mismo para hablar de la recompensa y aclarar cualquier detalle sobre la forma de llevar a cabo el encargo. Sin embargo, conforme se acercaba Darian notó que una pequeña nube de humo comenzaba a surgir de detrás de la construcción. Temiendo lo peor, dio el último suspiro de humo antes de correr en dirección a la zona que parecía comenzar a incendiarse. Al llegar, no pudo escuchar más que risas provenientes de la parte trasera de la finca, por lo cual se apresuró a rodear la misma y llegar al lugar de los hechos.

¡Vamos, anciano, suelta el puto dinero! ―la orden vociferada por una voz joven lo puso en sobre aviso, pegándose a una pared cercana para acercarse lentamente y asomar por un costado, buscando tener una imagen de lo que sucedía. Al parecer, los delincuentes que habían estado robando las cosechas se habían decidido a llegar más lejos en su nuevo ataque, invadiendo la finca y tomando de rehén al anciano dueño del lugar. Este último, de rodillas sobre el suelo de tierra, era golpeado una y otra vez por quien parecía ser el líder del pequeño grupo asaltante, un muchacho de cabello verde, claramente teñido, acomodado en una cresta exagerada. Al parecer, el humo nacía de una pequeña hoguera hecha para calentar trozos de hierro, mismos que se presumían. Darian se disponía a observar la situación un poco más, pero su torpeza le jugó una mala pasada al rosar con el dorso de la mano un jarrón que estaba acomodado encima de otro, tirando el primero al suelo y rompiéndolo en el proceso. Inmediatamente toda la atención se centró en él, recayendo las miradas de todos los presentes sobre su persona, incluido el punk― ¡Eh, tú! ¡Sal de ahí! ―viéndose sin otra opción más que obedecer, el joven mago salió de su escondite, caminando con ambas manos levantadas delante de sí.

Solo estaba de paso, no quiero problemas ―comentaba conforme sus pasos cortaban la distancia con el grupo de malvivientes, observando rápidamente como dos de ellos iban armados con espadas, mientras que los otros cuatro portaban palos con clavos incrustados en los mismos.

¿De paso? ¡Y una mierda “De paso”! ―al parecer el sujeto no tenía mucha paciencia, y que llegara alguien que no estaba en sus planes lo frustraba aún más― ¡Ven y arrodíllate, ahora! ―ordenó con voz de mando, apuntando a Darian con el filo de su espada― No quieres saber de lo que soy capaz, así que mueve el culo o si no- ¡! ―sus improperios fueron detenidos por el repentino y osado movimiento de uno de los amordazados rehenes, quien logró levantarse a pesar de tener las manos atadas y dejarse caer sobre el peliverde― Tú, maldito pedazo de… ―tarde para reaccionar, la distracción le había dado al mago el tiempo justo para impulsarse con un paso rápido y alcanzarlo, pateando su muñeca con la suficiente fuerza como para hacerle soltar el arma. Seguido de esto, un paso más le dio el impulso necesario para soltar un contundente puñetazo sobre la sien del malviviente, noqueándolo por la fuerza y precisión del impacto.

¡Bastardo! ―a su espalda, un grito lo alertó a tiempo para hacerse a un lado, dejando pasar de largo la abanicada de un trozo de madera adornado con clavos oxidados. Retrocedió unos pasos, dejando que sus contrincantes se acomodaran delante de él y colocándose a modo de defensa para los rehenes.

Denme unos minutos, la situación es complicada ―pedí sin retirar la mirada de los maleantes ni por un segundo, manteniendo su posición de defensa en caso de una arremetida repentina.

No tenemos unos minutos, ¡El anciano necesita que le revisen los golpes en la cabeza! ―las prisas no se le daban bien, pero si la situación lo ameritaba no tenía más que hacer.

Hubiera llegada antes… ―susurró antes de concentrar algo de magia en sus brazos, encendiéndolos al rojo vivo― Y esto no tendría que terminar así ―no le gustaba utilizar su magia para luchar, pero si quería terminar rápido con eso, estaba obligado. Sin pensárselo, se abalanzó contra el grupo que tenía en frente, esquivando la estocada de una espada y la abanicada de uno trozo de madera, dando un paso al frente para tomar la muñeca que sostenía la espada, marcando sobre su piel la imborrable marca de una quemadura de tercer grado. El grito de dolor resonó en toda la finca, seguida de un golpe seco y la caída de un cuerpo al suelo.  

La batalla continuó unos minutos más. Darian esquivaba y golpeaba siempre que encontraba un hueco, buscando impactar siempre puntos exactos con tal de asegurarse acabar con el afectado de un solo movimiento. Finalmente solo quedó él en pie, para luego liberar a los empleados del lugar y dejar que buscaran a un médico para que atendiera al anciano. Por suerte los golpes no fueron lo suficientemente graves como para generar consecuencias nefastas, con lo cual el hombre entrado en edad estaba consciente y recostado sobre el sofá del lugar tan solo una hora más tarde. Agradeció repetidas veces al joven pelinegro por la ayuda, luego de compartir un poco de té le entregó su recompensa y, al notar que el calor en los alrededores comenzaba a aumentar por consecuencia de la recuperación de los efectos secundarios de su magia, el muchacho terminó despidiéndose rápidamente y marchando a paso veloz en dirección al bosque. Una misión cumplida, unos días de comida asegurados.

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