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Ladronzuelos Atrevidos [Mision, rango C]

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Mensaje por Jarleth Cthaeh el Lun Sep 05, 2016 11:22 pm


2:00am día Martes
.
El silencio perdura en la catedra de nuestro señor todo poderoso e inevitable como intrascendible daba mis agradecidos respetos bajo diferentes oraciones a los tantísimos allegados del inminente. -Cthaeh, ¿qué haces aquí a tales horas mi niño?- Esa era la voz del padre Bartolomé quien con su apacible tono se acercaba hasta mi buscando respuestas de lo que imagine se consideraría un sin sentido. No obstante, no era tiempo de hablar así que me reserve todo comentario para después en lo que muy ocupado acababa todas mis oraciones a lo sagrado.

Allá bajo mi propia elección no deje de escuchar ni por un momento sus seniles pies rechistar sobre la caoba en ello que agachado frente una figura inclemente me limitaba a pronunciar muchos votos de fe ciegamente. Y, ¿bien? ni tenia la más remota idea de si algo entre todo lo dicho estuviera siendo realmente escuchado pero aun así continuaba y continuaba incesante e inamovible de mi fe. -Cthaeh, ¿no estarás aquí para la protección de aquellos a quienes amas o si?- Me pregunto el ya mencionado padre quien continuaba acercándose pero aún no lo suficiente como para interrumpir mi delirio. -Cthaeh, mi niño... no dejes a este vejestorio hablando solo... podrías herir sus sentimientos y nadie quiere ver a un viejo morir triste.- Escatimo el bondadoso con aquel tono que sencillamente no me permitía enojar e inocentemente me pedía reposar más aun así me negué a aceptarlo en ello que continúe intentando que los de arriba muy ocupados rascándose las pelotas en sus tronos eternos me escucharan.

-Cada día de cada semana de todos los años desde antes y después que fueses reconocido como hijo del rey te he visto en ese mismo banquillo dándole plegarias a los de arriba, mi niño. Creo es tiempo de descansar.- Recordó el padre a lo que bien sus palabras me hacían visualizar la imagen de un niño lamentable que tenia poco más que una cama y un pedazo de pan. No quería hablar de eso así que consecuentemente no quise responderle ni le respondí en mi muy grosero silencio. Más el no se rindió. -En esta semana has llegado a ocupar ese mismo banco hasta tres veces siendo que... jaja, apenas es martes.- Así bien el padre intento "romper el hielo" haciéndome reír en lo que bien distraído de todo fingía no escuchar sino tan solo orar. ¿La verdad? lo sabia, lo entendía, le escuchaba y me seguía negando a hablar de ello lo que sinceramente era mejor ante lo dicho por mi profundo criterio así como ocultarme en lo que a primeras me había dispuesto. -¿Sabes lo que creo? que le temes a los dioses.- Concluyo el santo a lo que bien aquello me hizo contestarle de inmediato.

-¿Quién no le teme a los dioses?- Fue un poco tonto que así cayese bajo sus palabras lo admito pero aun así intente defender mi punto de vista sin importar lo que fuera o el dios mismo que me viera. Ahí entonces había detenido mis plegarias. En ello que esperaba atento las palabras del padre que se tomaba sus momentos para sentarse a mi lado. -Te equivocas. Nadie le teme verdaderamente a los dioses sino a sus castigos y furia divina, mi niño.- Me corrigió, lo suficientemente despacio como para sonar como una madre en lo que bien había dado con el clavo para callarme. No podía rechistar eso y siquiera entendía lo que significaba ello. Aun así le conteste. -¿No es lo mismo?- Intentando hacerme del muy listo cuando en realidad no lo era para que consecuentemente el padre desaprobara mi comentario con un sutil movimiento de cabeza y luego suspirara con la pesadez propia de la tontería ante el dilema. -¿Lo mismo? no, solo los hombres incapaces de reconocer el miedo dirían algo como eso.- Su comentario fue particularmente cruel así mismo no pude evitar sentirme ofendido y mi ceño fruncido lo delataba. -Eres mejor que eso, Cthaeh.- Espeto, en ello que colocaba su mano sobre mi hombro y mi mirada se volvía ante la imponente figura. -Soy un bastardo.- Corregí, en lo que intentaba rechazar la gentileza del buen hombre. -¿Y qué?- Respondió, como si desde el principio esperase que continuase hasta decir lo que en verdad quería decir. -Eso significa que no soy un hijo del rey así que ni ahora ni nunca me debes alguna simpatía.- Confesé, sin muchos ánimos de ofender a lo cual sin mucho más me disponía a levantarme del lugar... o eso intente, lo cual por cierto, debido al brazo del padre Bartolomé no logre. El aún parecía tener muchas cosas que decir.

-Pamplinas mi niño.- Tiro por un baldío caño lo que había dicho para entonces hacerme sentar una segunda vez. Obedecí. -Eso solo significa que no eres un hijo de la reina.- Corrigió delicadamente en ello que me daba cuenta que eso poco le importaba a él. -Y eso no te hace un mejor o peor hombre.- Agrego, siendo que por primera vez en muchos años el padre me había reconocido como alguien maduro. Me quede ligeramente sorprendido y sin habla aun así no tenia nada que decirle. -Lo tendré en cuenta.- Explique, casi que molesto por sentir que eso había bastado para interrumpirme o bien sentirme sermoneado cuando no había nada menos que orar. Pero me equivoque, dos veces me equivoque, en lo que él me entregaba un manuscrito y me dedicaba unas ultimas palabras antes de irse:

-Los jóvenes de tu edad deberían estar divirtiéndose con bellas señoritas o feroces bestias no aquí con una inmensa cantidad de penas y un anciano asustadizo. Ve a hacer algo que ocupe tu tiempo de manera productiva, mi niño.- Ahí entonces levanto su zurda para despedirse en ello que caminando lentamente iba hasta su tan consagrado libro. Y, ¿yo? sencillamente empecé a leer lo que había sido dejado sobre mis manos para al poco tiempo darme cuenta de la verdad con la cual hablaba Bartolomé. No tenia caso seguir orando, no tenia caso seguir lamentándome, no mientras hubieran personas con peores predicamentos. Me encargaría.

8:00am día Martes.

Así como podrán suponer pasaron las horas hasta que fue de mañana y me vi encaminado con el cartel a pedir para mi mismo la misión. Era la primera vez que intentaba algo así por lo cual me perdí en la misma tierra de Magnolia pese haber pasado la mayor parte de mi infancia en sus prados. Finalmente, en el momento que conseguí donde reclamar la misión como mía me vi en el ligero predicamento en donde una segunda persona replicara cada una de mis palabras frente al buen administrador de tareas. -Vengo a pedir la misión de "Ladronzuelos Atrevidos", ¿qué debo hacer?- No tenia idea de como reaccionar, no tenia la menor pista de que decir, ¿sinceramente? iba a rechistar pero luego de ver a la muchacha preferí no hacerlo.

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Mensaje por Morana el Mar Sep 06, 2016 4:35 pm

Hay muchas cosas extrañas en este mundo, todos los días ocurren hechos que no pueden ser explicados, fenómenos extraordinarios que pasan desapercibidos porque la gente cierra sus ojos a lo que no entiende, pero la verdad es que de todas las cosas inexplicables de este mundo la humanidad es la mas extraña de todas. Aun piensan que no hay ningún otro tipo de ser en este mundo mas que ellos, los humanos, en cierta forma me parecen entrañables, intentan escapar de aquello que les asusta.

Siempre hay gente que prefiere negar las cosas que no puede entender, lo que no puede alcanzar o tocar. Porque ellos no son o serán capaces de comprenderlo, "no lo entiendo" está bien para ellos, aunque esto también es correcto para su nivel de entendimiento.

Pensar que existen seres mas poderosos que ellos y que posiblemente pueden acabar con la humanidad con el simple movimiento de una de sus manos puede llegar a ser horrible. Supongo que cada cual tiene su propio método de auto protegerse y en el caso de los humanos es el auto engaño, les gusta negar la existencia de seres sobrenaturales como los que siempre han habitado en el mundo, sin embargo parece ser que al fin tras muchos siglos habían aprendido a convivir con nosotros sin mayor problema aun que debía admitir que sentían cierto "cuidado" hacia algunas especies como a la que yo pertenezco.

Por un instante le entraron ganas de jugar un poco con aquellos que paseaban ignorantes por las calles abarrotadas de la ciudad. Pero después sentío cierto escalofrió por la espalda, eso solo podía significar una cosa, tenía trabajo que hacer y no era precisamente agradable. Salio del lugar en el que me encontraba residiendo en ese momento para ir en busca de aquello que tendría que llevar a cabo.

Algunos dicen que la vida es un péndulo que oscila en función de un eje o punto cero. A veces hay más cosas buenas que malas, y viceversa; sin embargo, este punto de vista es incorrecto. Para experimentar una cantidad correcta de felicidad debes experimentar la misma cantidad de tristeza como pago. Por eso se dice que hay que aguantar lo malo para poder disfrutar lo bueno. Cuando se dice que tras una mala racha hay una buena, no es un decir. En otras palabras, si quieres ir a la cima de una colina para ver un paisaje desde lo más alto, primero tendrás que pasar por un valle profundo. Si no fuera así no sería justo. Por el contrario, si estás destinado a descender por un camino de tristeza, para salir de él deberías realizar un esfuerzo equivalente a esa tristeza.

El cementerio le hacía pensar en las pérdidas que sufre la gente, como lloran a sus seres queridos cuando estos abandonan el mundo de los vivos. Por eso en ocasiones debes pensar que no perteneces sólo a ti mismo. No hay nada en este mundo que pertenezca sólo a uno mismo. Todos están conectados a alguien más y comparten algo con ellos. Por eso nunca puedes ser libre. También por eso es divertido, triste y preciado.

Pero basta de pensamientos nostálgicos, había venido a trabajar y no podía tardar demasiado tiempo, no estaba en mi dejar mi entrenamiento y mis obligaciones abandonadas por demasiado tiempo, después de todo en el fondo, me consideraba una mujer responsable. Caminando entre las lápidas llegue a una en concreto, una lápida que poseía un nombre grabado en letras góticas antiguas. Por un instante mi pelo negro voló al viento, ágil como una mariposa, del mismo modo la tela de mi traje dibujo una figura debido a la fuerza del viento. Era un buen momento para tomar el pago de un trabajo anterior, en esta ocasión no era un alma, pues aquel hombre no le hubiera servido para nada en sus propósitos, pero siempre había algo que sacar de los de mas.

Poco después salió del cementerio para ir en busca de un nuevo trabajo, en esta ocasión algo sobre unos ladrones, sin embargo había otro chico que también iba en busca de aquella misión -¿Serás capaz de hacer la misión solo?- Sonriendo levemente mientras le miraba con cierta gracia esperando que la invitara a ayudarle en esta aventura.

_________________
Merlín - Lancelot - Morgana - Arturo
"Promesas, juramentos, pactos.
No se deben romper, ni se deben deshacer.
Si lo haces serás castigado.
Pequeñas mentiras, verdades cambiadas.
Verdades cambiadas, malas intenciones.
Una mala intención o una pequeña mentira, ¿Cuál de ella es peor?"

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Mensaje por Jarleth Cthaeh el Sáb Sep 10, 2016 6:40 pm

A plena vista la buena moza era considerablemente más baja que mi persona siendo qué apenas lograba alcanzar el resplandor de mi brillante hombrera metálica así bien por consecuente sus atrevidas palabras de bien aventurada parecían más como una broma sin gracia típica de los comentarios talla inmensurable de una novata. Digo, ¿como ella podría ayudarme? no parecía ser concebible bajo ninguna circunstancia. Más tampoco es que fuese muy experto en nada referente a la guerra mágica así que eso lo tendría que ver por mi mismo en el campo de batalla; acepte su oferta, siendo que poco después de haber reclamado la misión como nuestra nos embarcamos sin ninguna especie de preámbulo en un carruaje hasta el Resort. -Que así sea, madam.- Le conteste en su momento, desinteresado de la suma exorbitante que a mitades o en quitos seguiría valiendo nada ante lo que el mismo Rey de Fiore se encargaba de poner en mi plato como único beneficio palpable de mi reconocimiento ilegitimo entre sus más allegados e hijos de la casa real. Nada que valiera la pena recalcar de primera instancia así como cualquier cosa referente a mi tan reservada desgracia.

> Ello condujo a un sumo silencio entre ambos que perduraría el suficiente tiempo como para que incluso un hombre inexperto de las habilidades sociales como yo se diera cuenta de lo incomodo que resultaba todo. "Nada bien, nada bien, un caballero no debería dejar a una dama en tal incomodidad." Imagine. "Debería hacerle sentir bienvenida como parte del equipo, ¿no?" Me auto propuse. "Bueno, el termino exacto es compañeros." Inmediatamente me corregí. "...¿Que importa? no es como si..." Alivie mis pensares del pequeño error e inmediatamente voltee mi mirada hasta la muchacha que me acompañaba en el carruaje "¿No tienes telepatía, o si?" Frunci el ceño en ello que con una cara propia de un personaje carismático e impropia en su totalidad de mi mismo intentaba adivinar una pequeña locura que nunca jamas seria escuchada. "Excelente." Afirme, para mi mismo, en ello que inmediatamente me sentí seguro de imaginar cualquier tontería como el movimiento unánime de varias hojas al caer en el agua desde la punta de una rama. -Jarleth Cthaeh- Exprese mi propio nombre con suma soltura aún cuando luego de varios minutos me hubiera dignado a no más que quedarme a la bella vista de mi ventana reposando mi diestra desde el lado derecho del vehículo. -La mayoría suele decirme solo Cthaeh- Alivie mi ceño como si intentara dar un esfuerzo por conocer un poco de mi compañera. Quien, ¿físicamente? deslumbraba por su parche y su tan voluptuosa figura; una contradicción seductoamenazante de la cual no tarde nada en darme cuenta pero así también dejo rápidamente los pueblos de mi cabeza. Rasque entonces con mi diestra la parte posterior de mi nuca(en mi frondosa cabellera). -Dime: ¿alguna razón en especial por la cual hayas querido tener la misma misión que yo?- Cuestione, en ello que moría de la curiosidad por las variadas posibilidades que me llegaban a la cabeza como bien tuviese amigos en el Resort o mi prodigioso hermano(el heredero) le hubiese pagado un par de Jewels para que me acompañase. Nada que realmente me quitara el gusto de su compañía pues a sabiendas tenia por seguro que los bandidos se verían más interesados en la bella damisela que en mi. La duda, ciertamente era: ¿podría defenderse sola? quien sabe, tampoco es que pensara dejarla desprotegida en el peor de los casos.

-No es que me moleste.- Aclare sin darle mucho rodeo al tema que se resumía sencillamente en que su compañía me hacia bien de alguna u otra forma.

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