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Dia y noche, Luz y oscuridad...

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Mensaje por Death el Jue Sep 01, 2016 2:46 am

La vida es bastante curiosa. Estando en la ciudad, estoy caminando sin rumbo especifico entre calles, mercados, callejones y demás, sin hacer mucho más que ver a las personas vivir sus vidas. Me hace pensar, todos vamos a morir en algún momento, de eso no hay duda, nadie es inmortal ni eterno. Estas personas, sin embargo, ni siquiera están pensando en la muerte, en que hoy mismo podría llegar a ser su último día. Los jóvenes se creen eternos, los viejos aprovechan cada pequeño momento que les queda, y todos en el medio ignoran el hecho, casi tratando de creer que es una especie de mentira. Pero la verdad era la mejor manera de vivir, sin pensar que ocurre después de la muerte, sino viviendo la vida en todo momento.

Al pasar al lado de las personas, no puedo evitar traer la mirada de las personas. Era muy peculiar ver a un sujeto con mis cualidades físicas, con un cuerpo completamente gris, con marcas rúnicas en forma de cicatrices. La cereza sobre el pastel era mi cara, que no era de las más agradables a mí parecer, por lo que la ocultaba con una mascara hecha con huesos, que parecía la parte delantera de un cráneo. No llevaba una camisa, por lo que relucía más que el resto de las personas. La gente me veía con disgusto, madres no dejaban que sus hijos cruzaran miradas con migo, y los hombres me veían de reojo casi con disgusto. Era lo habitual y, a pesar de que no era mi ideal, ya no me molestaba. En especial en momentos como el que se avecinaba…

Estaba pasando al lado de un callejón, uno oscuro para varias, cuando volteo a verlo y veo lo que parece ser un asalto de un par de personas armadas a un inocente. Llámalo curiosidad, entrometimiento o lo que quieras, pero fui a ver que ocurría… - Vamos, no queremos hacerte daño.¿Enserio? Yo creía que si queríamos.Da igual, no vas a salir de esta en una pieza. – El sujeto, recostado en el suelo, empieza a retroceder lentamente de los matones. - ¡Por favor, déjenme en paz! – En eso empiezo a acercarme, viniendo a espaldas del civil, haciendo mi presencia cada vez más inminente. – Oye tu, vete antes de que… - La mirada del sujeto se situó en mí, a lo que su habla dejó de hacerse presente. Es como si hubiese visto a un demonio. - ¿Antes de que mojes tus pantalones? – Los sujetos, asustados, empiezan a correr fuera del callejón, sin decir una palabra. El sujeto que está en el suelo, quien no había logrado verme, me dirige unas palabras. – Gracias. ¿Quién eres y por qué me…? ¿Hola? – Para cuando volteó su mirada, yo ya me había ido del lugar.

Una vez más caminaba sin rumbo, esta vez en una plaza cualquiera, esperando nada más encontrarme con algo más interesante que esos matones…

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Mensaje por Gawain el Jue Sep 01, 2016 5:29 am

Las calles de Magnolia resultaban demasiado agradable. En ellas podía moverme sin ningún tipo de preocupación, observando a la gente en su día a día, sin si quiera preocuparme por si se molestarían en saludarme de alguna manera rara o algo. Ahora mismo no me molestaba en usar mi disfraza o una capucha, simplemente portaba una ropa algo elegante, siendo que sobre mi hombro llevaba mi enorme mandoble. Puede que esto no fuese la conducta adecuada para alguien de mi edad, pero después de todo no me preocupaba por mi apariencia más allá de verme presentable. Aunque el mandoble era mucho más grande que yo, no parecía retener en ningún grado mis movimientos dado que mi fortaleza física era opuesta a lo que mi apariencia podría indicar. Mi armamento no me podía faltar, después de todo, un mago debería de estar preparado para cualquier tipo de situación especial.

Llegado a un sitio, me detuve, para observar a un grupo de personas que venían corriendo. Parecían que huían atemorizadas de algo, a saber que. - ¡Un demonio! ¡Es un monstruo! - ¿Demonio? ¿En Magnolia? Un leve gruñido salio de mi boca, siendo que comencé a correr en la dirección opuesta de esos tontos. Si había un demonio, no podía hacerme la vista gorda. Como mago y como príncipe, la seguridad de las personas inocentes entraban dentro de mis responsabilidades, no iba a permitir que fueran lastimados si yo podía intervenir para hacer algo al respecto. Tras correr un par de metros, me encontraba en unos callejones. No parecía haber nadie acá. Al final, el ruido de una voz humana me hizo acercarme, siendo que mis sentidos me decían que no era una amenaza.

Se trataba de un hombre aterrado, recostado en el suelo. Mantenía la cabeza gacha hasta que yo me acerque a él. - ¿Estas bien? - Coloque mi espada en su lugar, en un refuerzo de cuero que evitaba que se cayera cuando no la usaba. Extendí mi mano para hacer que el hombre se levantará, después de eso me preparaba para protegerlo en caso de que el demonio siguiera cerca. - ¡Príncipe! ¿No vio a nadie? Fui rescatado por un hombre extraño... - Parece que los inocentes en peligro no eran tan inocentes... Que lástima, debí haberlos atrapados. Pero ahora este nuevo héroe me causaba curiosidad ¿De quien se trataba? Necesitaba averiguarlo, ninguna persona podía quedarse sin recibir algún tipo de gratificación tras hacer una buena acción. Aunque no la hiciera por esto... Dando unas palmadas en el hombro de mi compañero, procedí a caminar fuera del callejón. Nuevamente en la vía principal, inicie mi búsqueda por aquel enmascarado misterioso.

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Mensaje por Death el Jue Sep 01, 2016 6:13 am

Caminar sin rumbo probablemente no sea la actividad más interesante del mundo, pero eran momentos como el anterior, en los que puedo ayudar a alguien y cagar de miedo a otro alguien los que hacían que valiera la pena. Ese momento es lo único que me animó a seguir caminando en aquella ciudad, en busca de otra eventualidad parecida a aquella. Y parece que me encuentro con un evento poco usual. Era extraño, ya que de lejos logro ver a una figura noble que caminaba reluciendo su linaje, como no era común. Claro que lo reconozco, ¿Cómo no hacerlo? No era la primera vez que le veía. Cualquiera en el reino que no supiera quién era el príncipe Gawain era un ignorante o vivía debajo de una roca. O ambas. Lo que me parecía extraño era que no estuviese ocultándose como de costumbre. Siempre que logro notar su presencia o tiene un disfraz, no muy convincente si me lo preguntas a mí, o una capucha que le cubre el rostro. Pero ninguno estaba presente en el vestuario del príncipe en esa ocasión. 

Sentí curiosidad por lo que hacía, ya que debía de estar haciendo algo que requiriera que lo reconocieran como parte de la nobleza si andaba de tal manera, por lo que me dedico a seguirlo. Trato como puedo de rodear su trayectoria, ya que el venía en dirección hacia mí, para posicionarme detrás de él, y todo salía relativamente bien, hasta que ocurrió lo inevitable… Teniendo mi mirada fija en el sujeto, mientras camino, tropiezo con un niño, el cual inmediatamente al verme empieza a gritar y a llorar, e inmediatamente su madre lo toma del brazo, lo aleja de mí y empieza a alejarse. - ¡Monstruo! ¡Demonio! – Empieza a gritarme de tal manera, un poco exagerado por haber tropezado con su hijo pero al fin y al cabo nunca había sido bueno para seguir personas en silencio, tenía una tendencia a… Hacer mucho ruido, por no decir algo peor. Al ver el alboroto que estoy armando, seguro llamaré la atención de su alteza por lo que trato de prestarle atención a él. Conocía su fama, y sabía que correr solo lo haría aprisionarme y lo haría con facilidad gracias a su magia que encima parecía ser más poderosa durante el día, según los rumores. Por eso, decido quedarme parado atento a la reacción del príncipe.

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Mensaje por Gawain el Vie Sep 02, 2016 3:51 am

Me tomo poco tiempo a rastrearlo, al principio pensaba que era alguien sigiloso. De esa clase de personas que hacen las acciones buenas y se van de manera callada a ayudar a otros, pero era fácil seguirlo por las reacciones de los transeuntes además de los testigos. Un hombre de cabellera negra, además de apariencia algo enfermiza, después de todo, si que era algo imposible de perder. Mantenía mi actitud seria, intentando moverme lo más rápido posible. Mis ropas "elegantes" se quedaron un par de calles atrás, siendo que las rompí para poder moverme de manera más veloz. Ahora tenía solo una franela sin mangas con la que iba corriendo por la avenida principal con un enorme mandoble detrás de mi. Mantenía la sonrisa sobre mi rostro, siendo que no podía imaginarme otro momento en el cual me emocionará más. ¿El desconocido sería un mago? Escuche de hechizos y otro tipo de magias que te permitían cambiar de formas, e incluso ampliar tus poderes. Era algo que hacía que me emocionará sin lugar a dudas. Después de todo, no cualquiera podía tener esas capacidades más aún, en Magnolia, a pesar de que la ciudad contaba con una gran cantidad de población mágica, no era igual a tener mucha selección en cuanto magias usadas.

Tras cruzar una de las calles, note que había un niño llorando. Me frené de golpe siendo que observe a una madre con un pequeño. Se trataba de una familia, que seguro salió a caminar como en cualquier hora. Con una sonrisa en el rostro, me daba cuenta del hallazgo que había hecho. Ahí parado estaba el hombre que rescato al inocente hace pocos minutos. - ¡Principe! Que bueno que esta acá... Este monstruo... - ¿Monstruo? Una pequeña risa escapo de mis labios mientras levantaba mi mano para hacer que la señora se detuviera de insultar a este caballero. Me acerque para acariciar el cabello del muchacho, para después de eso levantarme observando al misterioso extraño. - Soy Sir Gawain Pendragon, no te preocupes, porque yo te declaro amigo de esta ciudad. - Extendí mi mano en señal de saludo, siendo que después de corresponder a su saludo procedí a pararme de manera recta. - Se que rescataste a un inocente calles atrás, si lo hiciste por simpatía o una recompensa, no es de mi incumbencia. Esta ciudad siempre necesita una mano amiga. - Exhalaba con algo de fuerza.

Procedí a pararme cerca de la familia, intentando explicarles que el hombre no era ningún demonio. Era prioritario el no iniciar algún tipo de disturbio o estallido por el hecho de que estuviese esta persona caminando por las calles. Además, de que podría resultar ofensivo, sin contar que perturbaría la moral del ciudadano. Esta clase de cosas normalmente le concernía a otro tipo de autoridades, pero dado que yo fui el primero en hacer acto de presencia, lo correcto sería de que yo me encargar. Tras finalizar con el malentendido, procedí a acercarme al hombre esperando algún tipo de comentario de su parte.

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Mensaje por Death el Vie Sep 02, 2016 4:39 am

La situación, que tenía todas las oportunidades de tornarse algo inoportuno, no sería si no todo lo contrario. La escena se veía mal, con un niño llorando, una madre gritando y yo, alguien que parecía salido de un libro de terror ahí en medio. Pero esta vez la fortuna me sonríe. El príncipe empieza a caminar en mi dirección, dejando de lado su atuendo lujoso, quedándose con una franela sin mangas, sin olvidar su mandoble, que al inicio se vio como una gran preocupación para mí. Esa cosa era obviamente para el combate, y el hecho de que la mantuviera cerca podía significar problemas, pero toda preocupación desvanece cuando la señora va a buscar ayuda con el príncipe. La mujer empieza a explicarle que un demonio (yo) estaba haciendo que sabe qué fuera a inventar. Claro, yo no había hecho mucha cosa pero uno nunca sabe con las personas de hoy en día. Ya estaba acostumbrado a esa clase de trato, y si me permitía asustar a los cabronazos que si se lo merecían, pues por mí valía la pena.

El príncipe Gawain, para mi sorpresa, defiende mi humanidad frente a la señora, haciendo una seña para que deje de decir aquellos insultos, mientras deja salir una breve risa. Encima, mientras se acercaba a mí mantenía una sonrisa leve en su rostro, como si fuéramos amigos o algo. Que extraño, ya que la mayoría diría lo contrario, pero era un alivio que de todas las personas, uno de los hombres más influyentes de Fiore no fuera una de ellas. Me dirige unas palabras que la verdad me sorprendían por un número de factores. En primer lugar, que me nombrara amigo de la ciudad, sin razón aparente. Luego aclara que si existe una razón, pero en sí eso me confunde un poco más, pero también me causa intriga. De alguna manera sabía que yo había salvado al sujeto del callejón. ¿Cómo? No lo sé, pero era más inteligente de lo que se suele esperar de príncipes comunes y corrientes. Y la verdad que lo hice sin una recompensa en mente, solo vi la oportunidad de poner un poco de orden y lo hice.

Momentos después el príncipe se para cerca de los que se habían asustado por mi presencia, y empieza a explicarles que no era un demonio o monstruo, cosa que sin duda aproveché para dejarle en claro no tanto a los civiles, sino al príncipe en persona. Quién sabe, tal vez pueda lograr acercarme más a la realeza y mejorar mis relaciones. Me acerco sin mostrar intenciones agresivas, acomodo un poco mi máscara de hueso y procedo a hablar con el príncipe y los civiles. – Así es, no soy un monstruo, solo soy muy feo. ¿Alguna vez han leído Frankenstein, o El Jorobado de Notre Dame? Pueden imaginarme como ellos. – Después de aquellos comentarios, dirijo mi atención más directamente a Gawain. – Lo conozco su alteza, y gracias por la noticia. Supongo que ahora podré tener pillamadas con Magnolia. – Luego de aquel comentario sarcástico, que algunos dirían era una falta de respeto hacia la realeza hablar de tal manera, extiendo mi mano en señal de paz, esperando que el príncipe Pendragon la estreche, para luego suscitar otras palabras. – No lo hice por botín ni por fama, solo quise asustar a ese par de sujetos, pensé que se lo merecían. Por cierto, ¿Quién me delató? ¿El sujeto en el suelo o el par de vándalos con los pantalones marrones? – Aludiendo claro al hecho de que de seguro mancharon sus prendas después de nuestro encuentro. Si no hablaba de más, y me mostraba leal al reino, quién sabe, tal vez pueda salir algo bueno de esto después de todo.

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Mensaje por Gawain el Vie Sep 02, 2016 5:26 pm

El comentario de "solo soy muy feo" provoco que escapara una enorme risa de mi boca, incapaz de contener aquella carcajada procedía a darle un par de palmadas en la espalda a aquel sujeto. Nunca había escuchado a alguien referirse de esa manera de si mismo. De verdad era un hombre de una calaña diferente después de todo, exhale con fuerza para recuperar la compostura. No creía que la apariencia física definiera tu orientación moral. Era tan sencillo como eso. Las acciones dicen quien eras, no tus palabras o como te veías. Luego lanzaba otro chiste, aunque con su tono de voz serio parecía más una ofensa. Yo moví mi mano para contener en mi boca aquella carcajada. - Hahahaha... Vaya, más que un Demonio eres todo un comediante. Aunque yo siendo tu evitaría salir de noche, puede que un guardia ansioso te dispare. Sin ofender. - Hacía un ademán para indicarle que no estaba del todo en broma. Con esa apariencia atraería flechas como algo de miel atrae insectos. Puede que fuera un... ¿Halago? No, creo que no hay manera halagadora de decirle a un hombre demonio...

Sonriendo como era usual en mi respondí. - El hombre el que salvaste, estaba sumamente agradecido de que le rescatarás. No pudo decírtelo, así que consideré que al menos yo debía de hacerte llegar el mensaje. - Volvía a colocarme mi mandoble sobre mi hombro, siendo que después de eso escuche como una persona se acercaba gritando con fuerza. - ¡Príncipe! ¡Hay problemas en la zona comercial! - Vaya, mi día solo hacía empezar y ya me encontraba con un montón de problemas acumulados. Con una expresión más seria tome mi arma con ambas manos levantándola para así colocarla en posición, guardándola en su vaina o al menos sosteniéndole con las cuerdas de cuero sobre mi espalda. - Lamento causar infortunio compañero ¿Pero te apetece hacer un poco de caridad? - Comentaba de manera tranquila, mientras comenzaba a correr en la dirección indicada para encargarme de la situación. Seguro era otro grupo de maleantes decidiendo que no iban a pagar por los servicios.

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Mensaje por Death el Sáb Sep 03, 2016 5:20 am

Tal parecía que le había agradado al príncipe Gawain, que entre comentario y palabra mia dejaba salir risa tras risa. Era un sujeto agradable. Era completamente opuesto a mí de manera superficial, él parecía irradiar luz, mientras yo parecía traer oscuridad. Él era respetado mientras yo temido. Él traía ropaje completo, mientras yo no usaba camisa. Éramos como sol y luna y aún así el se vió de manera agradable ante mi presencia. Pendragon habla hacia mi persona, y además de calificarme como comediante me dedica lo que normalmente sería una mofa, pero de cierta manera ambos sabíamos que esa era la realidad del asunto. – Créame, lo sé. -  De igual manera, a mí me agradaba salir por las noches, y asustar a ladrones, vagos y demás, así como encargarme de asuntos que me llamasen la atención. La curiosidad de ese tipo de eventualidades es que mi presencia era mucho menos notoria que de día, por lo que evitar guardias se hacia una tarea mucho más sencilla.

Resulta que quien delató mi identidad había sido el hombre que ayudé en el callejón, quién no había tenido la oportunidad ni de verme ni de agradecerme. Supongo que el sujeto habló de un “misterioso héroe”, y alguien seguramente cerca debió de haberme reconocido como el susodicho demonio, incluso pudieron haber sido los vándalos, pero ya no importaba quien había sido, el asunto es que me dio la oportunidad de socializar con el príncipe. – Vaya, supongo que a veces no puedes permanecer de incógnito. – Antes de seguir con la conversación, llega un sujeto corriendo rápidamente en nuestra dirección alegando problemas en la zona comercial. En ese momento, el príncipe toma su mandoble, y con una actitud más seria me propone que lo ayude con la situación. De igual manera, portándome más serio, e igualando mi tono de voz, le respondo una afirmativa. – Por su alteza, mataría al rey… A otro rey, por supuesto. -  Esta era mi oportunidad de no solo mostrarle lealtad, sino potencial, a ver si me unía a la mesa redonda o a la guardia del rey. Al menos ahí podría usar mi aspecto para un bien mayor, como callar a políticos estúpidos, o evitar crímenes antes de que empezaran. Gawain empieza a correr en dirección de la zona comercial, yo no muy detrás de él, y estando al su lado hago una pequeña presentación. – Puede llamarme Death, su alteza. – Mi nombre no lo conocía nadie de momento. Y tampoco lo conocería su majestad hasta tenerlo como confianza.

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