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Fugitiva - Gawain -

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Mensaje por Flora Dietrich el Vie Sep 02, 2016 7:49 am

No llevaba más de dos días fuera de casa y los mensajes sobre su desaparición ya habían comenzado a esparcirse, ofreciendo incluso recompensa y la gratitud del Duque por información del paradero de la joven dama. Resultaba divertido para ella ir de aquí para allá con el rostro cubierto y apariencia misteriosa, pasando por una persona más en la gran ciudad de Magnolia.
La situación aún no era difícil, sus hermanos la conocían bastante bien como para convencer a su padre de que cuando Flora se aburriera de estar sola volvería a casa por su propio pie, y aunque a ella le disgustara admitirlo, sabía que tenían razón, y por eso la búsqueda aún no era lo bastante exagerada como para impedirle divertirse. Y así, cubierta con su capucha de suave seda oscura, salió de su habitación del hotel y se mezcló con la gente que paseaba por las calles de la ciudad. Se sentía feliz, caminando a pasos cortos aunque de vez en vez diera un pequeño giro para ver a su alrededor. Se sentía como una niña pequeña, tan feliz como cuando se fugaba de casa para ir al poblado cercano y comprar manzanas en el mercado, y como toda niña, no pudo evitar detenerse para admirar la vitrina de una tienda de juguetes. Se mordió los labios, mientras sus ojos observaban con impaciencia aquellos llamativos objetivos; a su lado, una niñita salía de la tienda con su madre, ambas se veían felices. Flora no se percató de su fotografía colgada en la puerta de la tienda, hasta que la niñita fijo su atención en ambas.

Mira mamá, es la mujer del retrato — señaló con sus pequeños y humedos dedos. La madre asintió con euforia, tal vez feliz por tener de su lado el favor de un Duque; Flora tembló bajo el tejido de su capa y sin pensarlo dos veces se echó a correr sin rumbo. De todas las personas experimentadas que pudieron encontrarla, sólo una niña había resultado lo bastante observadora, ni siquiera la mujer que le rentó la habitación mostró el menor interés en verle el rostro.

No supo cuanto tiempo corrió, no se detuvo hasta que se sintió lo bastante a salvo. Se recargo contra el pilar de un edificio y tomó aire para recuperarse de la reciente carrera. Bajó la capucha hasta sus hombros y se dejó relajar por un pequeño instante, dejando que el viento del atardecer se colara entre sus castaños cabellos. Lo que pensó fueron segundos de descuido y relajación, resultó en cinco minutos de exposición en los cuales cualquier persona pudo haberla reconocido.

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Mensaje por Gawain el Vie Sep 02, 2016 6:06 pm

Me levante al alba como era normal. Mi energía siempre rebosaba en esas circunstancia. Exhale con fuerza mientras comenzaba a vestirme, siendo que me colocaba ropa ligera que no me molestara, además de que pudiera moverme con total libertad. Mientras me arreglaba en mi residencia, escuche a un grupo de sirvientes conversando sobre la hija del Duque quien recientemente había desaparecido. Una sonrisa se dibujaba en mi rostro, algo contento de saber que no era el único que provocaba dolores de cabeza a la aristocracia. Salí de mi habitación para comenzar a caminar con lentitud al comedor. Una vez ahí, solo tome un pedazo de carne para colocarlo en mi boca masticando con poca o ninguna educación. Tanto mi madre como mi padre, estarán dormidos. Nadie podía detenerme entonces, aun comiendo salí caminando por la entrada principal del palacio. No me agradaba del todo esta clase de lujos, pero la comida era buena, lo que siempre se agradecía. Corrí un par de pasos para después de eso detonar mi magia saliendo disparado un par de metros hacia adelante. Siempre escuchaba quejas de como hacer esto calcinaba el jardín pero una de las formas más divertidas de comenzar mi día.

Caí en la zona residencial, especialmente sobre un techo, siendo que desde ahí podía observar toda la ciudad. Tan hermosa como siempre... Hecho esto me levante del piso para después de eso comenzar a saltar de un lugar a otro aprovechando la cercanía de cada edificio. Tenía que ir a mi lugar secreto para que nadie me molestará, así podría entrenarme sin la molesta vista del resto de las personas. Tras unos minutos de viaje, logré alcanzar el lugar escogido. Se trataba de un taller, siendo que ahí trabajaba un escultor. Un hombre anciano, que necesitaba ayuda moviendo enormes pedazos de piedra de un lugar a otro. Algo burdo pero fácil de hacer, además de que implicaba un enorme esfuerzo físico para realizarlo. Salude aquel hombre mayor, siendo que como siempre, necesitaba ayuda para su tarea matutina.

Exhale con fuerza, preparándome para iniciar con mi tarea. Moví mis manos para capturar el pedazo de mármol. Inhalando procedí a apretar mis dedos contra aquella roca siendo que le levante con algo de dificultad. Mi rostro cambiaba a medida que necesitaba más poder en mis brazos para levantarlo. - ¡Diablos! - ¡Más! ¡Más esfuerzo! ¡Más voluntad! Un gruñido escapaba de mi boca mientras con mis manos desnudas intentaba evitar que ese pedazo de piedra cayera al suelo. Mi cuerpo comenzaba a emanar calor, siendo que debía recurrir a mi propia magia para poder obtener las fuerzas necesarias. Dando pasos cortos, pero firmes, finalmente termine colocandola en su lugar, exhalando con fuerza. En aquel pedazo de roca quedaron grabado las huellas de mis dedos debido al calor. Un aura de vapor, además de un tono brillante me cubría, mientras limpiaba el poco sudor que no se había evaporado de mi frente.

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Mensaje por Flora Dietrich el Vie Sep 02, 2016 7:45 pm

Su momento de relajación tuvo que terminar de forma abrupta, justo en el momento en que un gran escándalo se hacía presente en las calles. Flora no tardó en colocar nuevamente la capucha sobre su cabeza, e intentó acercarse un poco al grupo de personas que se ponían de pie a los lados de la calle. No le tomó mucho tiempo reconocer que se trataba de uno de los carruajes de su majestad el que estaba a punto de pasar; así que volvió sobre sus pasos para alejarse tanto como le fuera posible de aquella escena. Esta vez no corrió, se limitó a dar grandes zancadas mientras sus pequeñas manos enguantadas detenían la capucha para que no cayera como consecuencia del viento. El corazón en su pecho latía a mil por hora; no quería que la pillaran justo cuando llevaba tan poco tiempo en su aventura. No. Quizá tenía que bajar un poco más su perfil... Cortándose el cabello.  Se mordió los labios al pensar en aquello, su cabello era su orgullo, no lo cortaría sólo por temor a una reprimenda de su padre.
Cabizbaja y abstraída, no se dio cuenta cuanto se había alejado. Los hermosos y grandes edificios quedaron atrás, siendo ahora edificaciones más pequeñas y sencillas. No recordaba haber estado antes en aquella zona de Magnolia, por lo que decidió curiosear un rato.

Se detuvo un momento cuando un par de hombres corría y justo detrás de ellos un hombre con pinta de panadero salía gritando de una tienda —¡Ayuda, me han robado!
Flora no pudo permitir que esos rufianes se salieran con la suya, al escuchar el grito del pobre hombre se dio a la tarea de detener a los rufianes. Los persiguió de cerca, hasta que uno de ellos se dio cuenta y se separó de su compañero con parte del botin.
¡Rayos! — pensó la duquesa, optando por perseguir al "cerebro" de la operación, que acababa de ingresar por la ventana de una casa. Flora no cayó en cuenta de que invadiría una propiedad, sólo se lanzó por la ventana justo tras él, con tan mala suerte que su aterrizaje no resultó tan grácil por culpa de un clavo salvaje que apresó parte del tejido de su vestido. La joven tropezó, dando un fuerte golpe contra el piso. Volvió a ponerse en pie, pero parte de su vestido se rasgo, dejando al descubierto de sus rodillas hacia abajo, entonces se percató del corte en su rodilla, que sangraba. Cuando se agachó a recoger las telas rotas, descubrió la bolsa con el botín del robo. Tal vez no ajusticiaran al ladrón, pero podía devolver la mitad de las jewels al panadero. Se dispuso a salir nuevamente por la ventana, cuando escuchó la voz de un anciano desde el otro lado de la habitación.

Alto ahí, ladronzuela —  sentenció. Flora se giró hacia él, el anciano tenía pinta de artista, tenía las manos cubiertas de arcilla y por toda la habitación había repisas con pequeñas esculturas de madera, piedra, y barro.

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Mensaje por Gawain el Vie Sep 02, 2016 9:21 pm

¡Guahg! ¿Estas piedras cada vez eran más pesadas o yo simplemente me hacía más débil? Mi espalda estaba a punto de explotar, pero llevaba entre todas, unas 6 piedras. ¿Porque demonios no movían la carreta hasta este sitio? Coloque la última piedra para colocarla en su sitio. Estaba empapado en sudor, además de que mis ropas estaban bastante sucias, era algo que demostraba el esfuerzo que requería. Luego de eso, escuche un alboroto en las cercanías, parece que alguien estaba teniendo problemas. Desde una ventana, salto un sujeto con una apariencia bastante rara, siendo que salió de la casa del escultor. "¿Que demonios?" Comentaba de manera interna, siendo que comencé a perseguirlo un par de metros. Finalmente, use mis capacidades mágicas para impulsarme cual cohete para saltar sobre su espalda, derribándole para deslizarme un par de metros mientras le reducía.

Aquel hombre estaba escupiendo espuma, casi del golpe. - Debilucho... - Comentaba de manera calmada. Un grupo de soldados se acercaron, para tomarle como prisionero, siendo que lo sacaron a rastras del lugar. Luego de eso volví con el artesano, quien seguro estaría cabreado con la ventana rota. Al llegar a su hogar, vi que tenía arrinconado a una chica. Mi mano se comenzó a cubrir con un orbe de luz brillante, siendo que estaba listo para defender al viejo. Pero de repente, mientras moldeaba mi magia, reconocía el rostro de esa chica. La magia desapareció de mi extremidad, siendo que después de eso me acerque calmadamente, intentando no volver más volátil la situación.

Coloque mi mano sobre el hombro del anciano, para indicarle que se detuviera. - No es ninguna ladrona viejo, es la hija del Duque Dietrich. - El hombre casi sufre un infarto al escuchar eso, siendo que comenzó a disculparse, moviendo la cabeza en señal de disculpa a una velocidad inimaginable. Algo atrajo mi atención de la chica, siendo que tenía un corte en su rodilla. Sin tardar en pensar mucho, busque entre mis bolsillos un pañuelo que solía guardar. Estaba limpio para su fortuna, siendo que no seque mi sudor con él. Camine sin si quiera pedir permiso o presentarme para amarrar aquella prenda de la herida sangrante, intentando que no le cayera polvo o cualquier otra suciedad indeseada. Hecho esto, volví a ponerme de pie para mantenerme sonriente frente a esa chica, esperando que dijera la razón de que bueno, entrara por una ventana y que persiguiera un ladrón.

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Mensaje por Flora Dietrich el Sáb Sep 03, 2016 8:56 am

Flora abrió los ojos de par en par, sorprendida por la lógica del anciano; en efecto, con las ropas rotas y la capucha no lucía precisamente como alguien confiable, ocultaba su rostro entre las telas, y para colmo, se había colado por la ventana de una casa que no era suya. Levanto las manos, en señal de rendición, cosa que el anciano tomó como amenaza y dio un paso hacia atrás. Flora, por su parte, intento sonreír, aunque estaba nerviosa por la situación —Eh... Verá, no es lo que parece... — balbuceó. La joven duquesa nunca fue asidua a mentir, además se encontraba bajo presión. No podía revelar su identidad, pero la historia de perseguir criminales y terminar cometiendo un delito parecía tan falsa que ni ella misma lo creería.

El viejo, al confiar en las manos en alto de la chica, se acercó a ella, y le bajó la capucha, dejando el rostro de la chica al descubierto. —No me reconozcas, por favor — pensó, mientras el hombre mantenía la vista fija en ella. Flora intento parecer serena, como si no tuviera nada que ocultar, cosa que sí tenía.
Mientras era víctima de la mirada escrutadora del viejo, alguien más entraba a la habitación.

Alguien que Flora reconoció al instante.

No puede ser ¿Cómo es posible que  Su Majestad, el Príncipe Gawain este aquí? — se preguntó, mientras sentía como un nudo se le atravesaba en la garganta. Se mordió los labios e intentó mantener la cabeza gacha, pero el Príncipe le reconoció al instante. Sólo en ese momento odió seguir llevando el cabello igual que la última vez que se vieron durante uno de los bailes de Su Majestad.

El Príncipe Gawain la introdujo al anciano escultor como la hija de el Duque, el semblante desconfiado del hombre cambio de inmediato a uno de sorpresa y arrepentimiento por haber llamado "ladronzuela" a una noble. Flora, por su parte, no se percató de la reacción, al haber sido reconocida, se inclinó en una reverencia de respeto hacia Gawain.
El doblar su rodilla hizo que sangre nueva saliera de la herida. Y cuando menos lo esperaba, el Príncipe se encontraba vendando el corte.

Flora se sonrojó. —N-no, mi Príncipe, es sólo un corte — informó, pero para ese entonces el pañuelo de Gawain ya hacia de venda. La chica se mordió los labios, nerviosa —Gracias — dijo al final, y alzó la cabeza.
El anciano escultor preguntó si querían pasar a beber algo, luego de una agitada mañana entre el trabajo y los malos entendidos.

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